Cómo cuidar una Monstera deliciosa
La planta de interior más querida, y una de las más fáciles si acertás con la luz. Todo su cuidado, en una página.
Luz: el factor decisivo
La Monstera quiere luz indirecta abundante. En su hábitat crece bajo el dosel de la selva, con luz filtrada por las copas de los árboles: eso es lo que hay que imitar. Cerca de una ventana luminosa pero sin sol directo del mediodía es el lugar ideal.
Con poca luz sobrevive, pero se nota: hojas chicas, tallos estirados y ningún agujero nuevo.
Riego
Regá cuando los primeros 2 o 3 cm de sustrato estén secos, y regá abundante hasta que drene por abajo. Es una planta que tolera bastante mejor quedarse corta de agua que pasarse: el exceso es la causa número uno de hojas amarillas.
¿Por qué no le salen los agujeros?
Es la consulta más frecuente y casi siempre tiene la misma respuesta: la planta es joven, o le falta luz. Las hojas juveniles son enteras, con forma de corazón, y las fenestraciones aparecen a medida que la planta madura. Con buena luz, cada hoja nueva sale más dividida que la anterior.
Ayuda darle algo para trepar: un tutor de musgo le da el soporte que en la naturaleza le daría un tronco, y acelera la aparición de hojas adultas.
Problemas comunes
Hojas amarillas, generalmente las de abajo: casi siempre exceso de riego. Revisá que el plato no junte agua.
Bordes marrones y secos: aire muy seco o falta de agua. Espaciá menos los riegos y alejala de estufas y aires acondicionados.
Manchas marrones con halo amarillo y sustrato empapado: pudrición de raíz. Hay que sacarla de la maceta y cortar lo dañado.
Un dato importante
La Monstera es tóxica si se ingiere, tanto para personas como para perros y gatos. No es peligrosa al tacto, pero conviene ubicarla fuera del alcance de mascotas que mordisquean hojas.